Antiguo Testamento

Génesis

Gn 1.1 “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. San Juan Evangelista, a quien Jesús reveló los grandes misterios del mundo existente, y los acontecimientos que nos esperan, comienza su santo Evangelio diciendo: “En el principio, existía la Palabra” (F.B.C.).

Cuando Jesús es interrogado: “¿Tú quien eres?” Jesús les responde: “El Principio; el mismo que os estoy hablando” (Juan 8,25). Tal vez no sea esta traducción la más exacta gramaticalmente; pero tiene su razón de ser; es además la de San Jerónimo.

La realidad es esa: “el Verbo estaba con Dios, cuando Dios creó cielo y tierra, en el Principio”. El Verbo de Dios, llamado también Palabra o Principio, estaba en Dios, como Sabiduría personal, mientras el Espíritu planeaba sobre las aguas.

Corolario: Parece que se nos quiere declarar, desde el mismo momento Dios de crear, quien era Él, el que creaba. Esto es: junto a Dios creador, estaba asimismo el Verbo, llamado también Palabra y Principio. Dios Creador, estaba con su Sabiduría, esencial y personal, colaborando con Él, y era el origen de todo, en tanto que el Espíritu de Dios planeaba sobre las aguas primordiales (Gn. 1,2).

La doctrina cristiana lo resume así, en clara acción de gracias: “Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos, Amén”.

La divinidad es por tanto “Ser eterno en tres personas Omnipotentes, Omnipresentes y en Amor eterno”.

Conviene insistir en este comienzo. Cuando se nos dice que en el día sexto de la Creación, Dios creó el hombre, ya sabemos que el mundo estaba ya muy evolucionado. La ciencia hoy nos certifica que fue después de muchos millones de años; por más que en Dios eterno no sean más que un instante. Nos hallamos ante el ahora de Dios (Eccli 18,1), siempre presente.

El hombre fue creado de una tierra rojiza, llamada Adamá; de ahí viene el que se le llamara Adán. Esta tierra pudo haber sido materia orgánica, por razón de la raíz roja de la sangre, la cual denotaría origen biológico. Dejando aparte el posible origen evolucionista del hombre, nos fijaremos en el hecho de que el hombre y la mujer originales se hallan en un Paraíso; con la consiguiente semejanza de nuestro nacer y crecer actuales.

En efecto, nosotros todos somos conscientes de haber surgido entre un mar de sensaciones, que nos afectan, con gusto unas, o con disgusto otras. Dicho de una manera bíblica, nos hallamos insertados en el cuerpo, como en una especie de paraíso natural.

A veces nos encontramos frente a algo que nos gustaría probar, o comer, y no podemos o no nos atrevemos; porque se nos dice que “está prohibido, o que nos va a sentar mal”. Tenemos aquí planteado el esquema de nuestra existencia. Deseamos, alcanzamos, gozamos; y, de cuando en cuando, gemimos o nos quejamos, porque no podemos alcanzar y gozar. Si gozamos en exceso, o intentamos gozar de lo vedado, corremos el riesgo de lastimar y dañar nuestra base original, la Adamá (Gn 3,17; Job 31,38).

Nos adentramos en la cuestión de nuestra salud integral. Nuestras acciones morales, las que conciernen al bien y al mal, y que engloban todo lo permitido y lo prohibido, afectan a nuestro equilibrio emocional y psíquico; y pueden alterarlo sensiblemente en favor y en contra de nuestra personalidad.

De nuestros actos arbitrarios nacen brotes contrarios entre sí, como fueron Caín y Abel, con sus respectivas significaciones. Caín, como experimentación agradable; y Abel como sensación de vanidad y frustración.

De ellos se derivarán tendencias opuestas que lucharán en nosotros, aumentando la violencia; hasta que Dios determine enviar un aluvión de aguas purificadoras, que obliguen a regresar al orden y a la equidad (Noé).

Superada, con el tiempo, la dura experiencia –que solamente el amor divino y el celo paternal de Dios podían provocar– llega la hora de la divina invitación. “Sal de tu casa, y ves donde yo te diré”. Dignidad increíble, de parte de Dios; que asume la iniciativa de la llamada, y vindica la bondad de su elección. Dichoso el que así lo cree. Aquí entra en escena el “justo”, que es quien cree que “Dios lo ha creado por amor; y es su deseo divino guiarlo hacia un futuro de vida esplendoroso”; no por los méritos del hombre sino por su divina bondad. De ahí que el justo se confía a Él. Este es ya el “Dios de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, el que nos introduce al conocimiento de la vida y la historia del pueblo de los que creen en Dios”, de quienes nos adherimos por la fe y el amor en consumación de unión celestial.

Guardaremos la memoria de Noé, bueno y creyente, salvado del Diluvio; de Abraham, adherido a la voluntad de Dios; de Enoc, caminando a la presencia de Dios, que rehusaron todo asomo de violencia, y procuraron el perdón de los pecadores, suplicando el Dios de gracia y de amor.

¡Qué ejemplar la fe de Abraham! Fue padre de la fe, creyendo firmemente en Dios, que le prometió un hijo en la vejez de él y de su mujer y que no lo defraudaría nunca; ni tampoco cuando le fuera a ofrecer a su hijo Isaac en sacrificio, tal como de hecho le pidió, probándolo (Santiago, 2, 21).

Su estirpe mantuvo esa fe y confianza en Dios y en su infinito amor, de tal suerte que siguió creciendo en la amistad divina, haciendo votos (Gn 28,20) de fidelidad; en tanto se iba acercando el tiempo de opresión colectiva pero también del engrandecimiento en el cautiverio de Egipto, lo cual le fue anunciado previamente a Abraham.

Corolario:

Ese tiempo de la cautividad de Israel en Egipto (400 años) tiene un simbolismo muy significativo para nosotros. Viene a representar el tiempo de nuestra permanencia en el mundo, antes de tomar determinación seria en orden a nuestra vida sin connotación religiosa seria con el Creador. Faraón (libre, exento, independiente, liberal, disipador, malgastador) como un capitoste incontrolado, regenta bien el tipo de vida mundana y desordenada del hombre pagano que hayamos podido llevar cualquiera de nosotros. Sin embargo el sufrimiento del pueblo cautivo durante tanto tiempo de opresión, no ha sido del todo baldío. Movió el corazón de Dios, compasivo con todos los que sufren injustamente, para socorrerlos y liberarlos con gran fortaleza y eficacia. Vivir “faraónicamente”, es decir, “sin ley”, liberalmente, engendra trastornos en la conciencia recta y opresión en el corazón; como luego ocurrirá con el mismo pueblo de Dios, cuando Aarón (Ex 32,25) cederá, al dispensar de la ley al pueblo, en el monte Sinaí. De esta opresión íntima, proveniente de la libertad de obrar sin control, sólo nos puede librar el amor y el temor de Dios, y su santa Ley.

Éxodo

Si no es cosa fácil hallar un hombre que sea verdaderamente justo, del todo fiel a Dios, mucho más difícil será encontrar un pueblo entero, formado y movido por el amor y el agradecimiento a Dios, si este determina escogerlo para ser pueblo peculiar suyo y representativo ante la Humanidad entera. Pero ¿y si Dios se lo propone?

De la estirpe de Jacob surgió Leví, el cual, con Simeón, fue implacable vengador del ultraje hecho a Dina, su hermana, cuando agresores violentos conculcaron en ella los más sagrados e inviolables derechos de la persona. Más tarde, otro levita destacado (Moisés) es milagrosamente salvado del genocidio criminal por compasión femenina.

Moisés fue el gran profeta y padre del pueblo escogido por Dios para convertirse en una nación religiosa ejemplar. Este nuevo pueblo, curtido en la esclavitud, formado en la Ley del Señor, para ser consolidado en la peregrinación por el desierto, tiene que ser santo.

Destinado a entrar en la Tierra Santa, el pueblo de Dios convendrá que él mismo se haya santificado. Para ello le será dada una Ley Santa de parte de Dios, el cual se aparecerá a Moisés en la montaña del Sinaí, y le entregará sus diez mandamientos santificadores.

El pueblo asumirá el compromiso con su alianza, y corresponderá con un conjunto de aportaciones en especie, con gran generosidad, que les permitirá construir un Templo. En este santuario En este santuario se plasmarán las realidades espirituales, correspondientes a las verdades modélicas existentes en el templo celestial.

La tardanza de Moisés en el Sinaí motivó que Aarón, hermano de Moisés y Sumo Sacerdote, accediera a la petición del pueblo de permitirles distraerse. Esto les arrastra al desenfreno y desenfreno culpable. Los levitas "santificaron" eliminando tres mil idólatras.

Levítico

La ley tiene por objeto la Santidad. Dios es santo (exento de fallos) y quiere que el hombre sea santo para que pueda allegarse a Él. El hombre tiene que purificarse, para acceder a la santidad que le permita acercarse a Dios. El culto especifica como habrá de hacer los actos purificadores y santificadores.

El culto, pues, tiene por objeto atraer a Dios y su bendición. Dios quiere estar con el hombre. Dios es santo, y el hombre tiene que purificarse para ser también él santo y poder acercarse a Dios. No debe contaminarse el hombre con impurezas y pecados.

El hombre peregrina “llevando a Dios en medio, con su Templo portátil”, custodiado por personal consagrado, clérigos, levitas y sacerdotes, y todo un ejército de fieles israelitas. Todos ellos avanzan por el desierto, camino de la tierra prometida. ¡Figura hermosa de la Iglesia que crece, avanza y peregrina!

Números

Cercanos ya a la tierra fronteriza de Canaán, el caudillo Moisés envía unos exploradores a examinar el estado del país y la condición de las ciudades y de su gente. Este fue el punto más delicado y crítico, que puso en evidencia la debilidad del pueblo de Dios.

Fuera de dos valientes exploradores, los restantes retornaron muy decepcionados y amedrentados; y, lo que es peor, desalentados. A pesar de la innegable buena calidad del país, se negaron a penetrar en él y conquistar la tierra asignada por Dios para ellos.

No supieron valorar debidamente el tener a su favor la voluntad y asistencia del Señor que les dirigía e impulsaba a posesionarse del país (debido a la indignidad de sus gentes). El castigo que merecieron por ello fue tener que seguir peregrinando por el desierto durante cuarenta años más.

Deuteronomio

Todos los adultos que salieron de Egipto, quedaron excluidos de penetrar en la tierra prometida, fuera de los dos, señalados por nombres Josué y Caleb. El mismo Moisés, de quien dice la Escritura que hablaba con el Señor “cara a cara”, también fue excluido.

La razón de la exclusión de tan gran profeta, nos sorprende y nos afecta a nosotros mismos. Es cierto que él no se dirigió a la roca como le fue ordenado (Num, 20) y presentó el portento del agua, como una acción “propia” si bien por poder divino indiscutible.

Ello nos enseña que el hombre más santo, frente a Dios, no es nada ni nadie. Moisés, hombre humilde cual ningún otro, supo humillarse ante Dios. Siguió amándolo con todo su corazón y con toda su alma; y jamás dejó de inculcar a los israelitas y a todos nosotros, el amar a Dios con todo el corazón y con todas nuestras fuerzas.

Corolario al Pentateuco

Si tuviéramos que encontrar un símil para entender a fondo la evolución del pueblo de Dios, desde los patriarcas, el cautiverio, peregrinación y entrada en la tierra de promisión, hasta la venida del Reino de Dios, tendríamos que fijarnos en nuestra propia vida. Tendríamos que recordar los inicios de nuestra primeriza fe, el abandono del mundo y de nuestras costumbres mundanas, las dudas y vacilaciones de nuestro camino de piedad, y nuestra entrada y perseverancia en la vida de los sacramentos y de la gracia. Todo lo cual podemos ver prefigurado justamente en el punto a que hemos llegado en la lectura de la Biblia.

A partir de ahora nos corresponde la ardua tarea de luchar con ahínco contra la raíz de nuestros vicios, que son secuelas de los pecados capitales, únicos “enemigos” que deberemos perseguir y atacar a fondo, hasta el exterminio final. Tenemos ante nosotros a Jesús de Nazaret por capitán, bien representado por su homónimo bíblico Josué. La tierra del nuevo asentamiento no es del todo desconocida para sus noveles ocupantes. Como tampoco lo es para el alma, el cuerpo a ella asociado tras haber estado largamente sometido a prácticas extrañas y no legítimas según la ley.

Se nos abre con ello un período de lucha tenaz, en que se pueden producir combates encarnizados con alternancia de dominio, y hasta con etapas de convivencia tolerante y resignada de elementos heterogéneos; siempre expuesta a una falsa paz estable, y peligrosa para el bienestar general.

Josué

La conquista de la Tierra Santa fue voluntad y obra primaria de Dios. Conviene no perder de vista los salmos 42 al 49 ni, sobre todo, la epístola a los Hebreos, la cual recoge la idea general del largo peregrinaje por el desierto, con el fracaso de la mayoría de los actores.

El esfuerzo y la penalidad de los cuarenta años de largo recorrido, dispuso la renovación del personal adulto salido de Egipto, y un indudable aumento de fuerza. Tal circunstancia, más, sobre todo la fuerza de la presencia del Señor dirigiendo la ocupación, hicieron el prodigio de una posesión feliz.

El posterior despliegue de las doce tribus israelitas sobre la tierra conquistada, se hizo también bajo la inspiración del Señor y su autoridad, que tuvo en cuenta la índole de cada tribu y la condición del terreno y bajo la expectativa de que Dios perfilaba ya su futuro todavía lejano.

Jueces

La paz no es nunca un bien estable y permanente por sí mismo. Es un fruto que conviene mantener y cultivar con ejercitación constante. Ese ejercicio exige la virtud de saber conservar las fuerzas que se sostienen con el equilibrio de la fidelidad a Dios.

Los pueblos vecinos y los restos autóctonos se dedicaron a recordárselo a los israelitas, mediante brotes de hostilidad y ataques esporádicos, que despertaban reacciones represivas a fin de mantener el dominio establecido. Gedeón, Jefté y Sansón fueron elementos destacados.

La novedad, sin embargo, de este largo período de autogobierno en que “cada cual hacía lo que bien le parecía”, consistió en ciertos acontecimientos anunciadores de hechos y portentos futuros, proféticos y sobrenaturales, de los cuales se daban referencias sintomáticas importantes.

Rut

El libro de Rut es un ejemplo vivo de la futura caridad, según enseñará Jesús, que no mira “quién es el prójimo” para amarlo, sino que “ama” al hermano apenado, “haciéndose prójimo” suyo. Ella llegó a ser una “antepasada selecta”; sí, del propio rey David, como registra la Escritura, pero sobre todo, de Jesús, el Hijo de Dios vivo.

I Samuel

Mantener un pueblo bajo una organización teocrática, en el que la máxima autoridad era religiosa y divina, en medio de naciones dadas al culto pagano y licencioso, era sumamente dificultoso; y obligaba a adoptar por lo menos una estructura civil y militar más sólida.

Pero Dios, que tiene decidido asumir un pueblo santo que sea capaz y digno de compartir al fin con Él la felicidad eterna, quisiera que el pueblo israelita fuese ya figura y anticipación de la Iglesia Santa. Por eso le desagrada ver que se desplace al Señor de su cabeza, para donarse a un rey temporal.

Mas, como quiera que Dios ama al hombre y respeta su dignidad, la cual le da libertad de poderse acoger a participar un día de la Divinidad prometida, se digna acceder a su voluntad; al mismo tiempo que desea que Samuel le advierta cuál es el derecho de la realeza y de su Ley.

II Samuel

Después de que el rey elegido por el pueblo, con la ayuda del Señor (que les señaló quién ofrecía mayores cualidades entre todos), llegó a ensoberbecerse, el profeta Samuel recibió la orden de ungir por rey al joven David. A él le tocaría tener que soportar la envidia y persecución de su predecesor Saúl.

Sin embargo, también el rey David llegó a su vez a enorgullecerse, tras alcanzar mucha gloria con grandes victorias y éxitos de toda especie. No supo evitar el doble pecado de adulterio y homicidio. Ello le valió que le sobrevinieran grandes males y calamidades de todo género.

Supo reaccionar con gran humildad y coraje, convirtiéndose en modelo de penitentes y arrepentidos. Penetró en el corazón compasivo de Dios, y cantó cual ninguno los loores divinos, creando un precioso y fervoroso culto a la Divinidad, llenando el templo de Dios con singular arte y exaltación.

Corolario:

David nos enseña que nadie jamás puede creerse seguro de sí sin contar con Dios; pero menos todavía desconfiar de Dios en ningún omentos de crisis por muchos que hayan sido los crímenes y pecados cometidos.

I y II Reys

Ni la suntuosidad del reino de Salomón, con su sabiduría y riquezas proverbiales, si bien menguado con el culto pagano y licencioso, en el reino de Judá; ni el benéfico influjo de los profetas Elías y Eliseo en Israel, aportan mejoras sustanciales, en esos reinos.

Maravilla fue que, particularmente el reino de Israel, pudiera subsistir hasta el año 721 a.C.; y en cuanto al reino de Judá, que pudiera mantenerse hasta el 587 a.C. Lo más brillante y significativo de esta época sin duda fue el profetismo (auxilio de los profetas), suscitado por Dios entre el pueblo.

Antes de la deportación de Judá y caída de Jerusalén, cabe señalar el esfuerzo considerable realizado por Ezequías, y no menos por Josías, con sus respectivas celebraciones pascuales, inevitablemente insuficientes, a pesar de la profusión de entusiasmo y fervor prodigado.

I y II Crónicas

Ambas describen una visión religiosa de conjunto de los Libros de los Reyes desde la Creación.

Esdras

Completadas las setenta semanas vaticinadas por Jeremías profeta acerca de la duración de la cautividad, Jahveh inspira a Ciro, rey de Persia, a liberar los cautivos hebreos y a firmar un decreto en orden a reconstruir Jerusalén y el Templo.

Venciendo la recia oposición de los pueblos vecinos, se reorganiza la comunidad israelita (año 520-515) y se construye el Templo. Gran éxito racial constituyó la determinación de separar y disolver los matrimonios con no judíos.

Esto fue mérito de Esdras junto con los responsables más cualificados. También los profetas Ageo y Zacarías contribuyeron, aunados con Zorobabel, a la reconstrucción material del Templo, y a la reconciliación del pueblo con la ley del Señor. Esdras fue preclaro escriba y unificador.

Nehemías

Estrecho colaborador de Esdras, fue Nehemías quien concurrió a rehacer la muralla de Jerusalén sumamente deteriorada; el que luchó contra la oposición de los pueblos vecinos que no cesaban de hostigarles. En condición de gobernador, y Esdras en calidad de escriba, llevaron a cabo la ingente obra de la restauración.

Corolario

Es impresionante constatar, de una parte, cómo crecía en el pueblo el sentimiento de una desatención culpable hacia el amor de Dios ofendido por sus pecados; y de otra, el creciente esfuerzo tanto individual como colectivo por desagraviar a Dios de tan grave ultraje, ya que Él había derramado tantas veces su amor a favor de su pueblo. Vemos los últimos ejemplos que nos ofrecen los libros santos.

Son verdaderamente aleccionadores y conmovedores de una mayor generosa correspondencia con el Dios creador y dispensador de grandes favores. Son los tres siguientes y los dos de Macabeo.

Tobit

Exiliados, y Anna, ésta a punto de caer en la desesperación, probados por Dios como Job, son al fin auxiliados por el mismo Dios de misericordia, con curaciones flagrantes de divina ternura y con revelaciones de un futuro prometedor. La fe y la piedad les son recompensadas espléndidamente.

Judit

Viuda piadosa, expone su vida, valiéndose de su plena confianza en Dios, y también de su propia belleza, para seducir al general del ejército enemigo, decapitándolo y salvando al pueblo de Dios extenuado y a punto de ser exterminado. Alabanza a Dios Salvador.

Ester

Huérfana, pero escogida por el rey Assuero en sustitución de la altiva y despectiva reina Vasti, puede evitar nada menos que el exterminio del pueblo judío, sin escatimar el arriesgar su propia vida. Y por ello Dios exaltó al pueblo santo y humilló al enemigo soberbio y criminal.

Corolario:

Estos tres casos manifiestan a las claras que Dios está muy cerca de los que le aman, y sufren; y aun arriesgan la propia vida exponiéndose a graves peligros por fidelidad a Dios y a su causa.

Macabeos I

(166 a.C.). Con arreglo a los vaticinios de los últimos profetas, el mundo de occidente se abrió con fuerza hacia el oriente hasta llegar a dominarlo. Impuso nuevas leyes y culturas, pero chocó contra el pueblo judío, causándoles grandes calamidades y muertes. Ello motivó, sin embargo, que se despertara más viva la idea de una vida futura, y se agruparan las fuerzas y efectivos del pueblo judío, en torno a la religión y sus creencias, el culto a los difuntos y la gloria del martirio.

Macabeuos II

Viene a reforzar los siete capítulos del volumen anterior, y reproduce el gran mérito de Judas Macabeo en particular, la heroicidad de la fe de numerosos mártires y la persuasión profunda de una vida futura de recompensa para los luchadores de la fe. Destaca sobre todo el haber sabido ver la gran misericordia de Dios, permitiendo las persecuciones y ofreciendo su asistencia, para el mayor mérito de sus santos y la gloria de su Divina Justicia.

Esta sección de libros bíblicos no es ni con mucho, de menor importancia. Las razones de credibilidad de las Verdades religiosas son rica aportación suya.

Job

Es la primera y más necesaria contribución a serenar el espíritu atribulado del hombre probado por grave infortunio. Sin la visión sobrenatural que el libro infunde, y que consiste en la personal e indudable intervención de Dios, en cada caso, permitiendo la acometida del enemigo para exaltar la paciencia y la fidelidad de su siervo, nadie sería capaz de infundir el consuelo que asistía y confortaba a Job a superar su graves dolores y los agravios incongruentes de los ineptos y creídos amigos, convertidos en maestros del espíritu.

Salmos

Agregado de plegarias inspiradoras y proféticas, agrupadas en cinco libros con trasfondo histórico y bíblico. Tratado espiritual evolutivo de perfección, orientado a un todo final glorioso de participación universal (Salmo 121, 3) y estabilidad perdurables.

Proverbios

Recomendaciones sensatas y consejos saludables para la adquisición de la sabiduría a base de la instrucción y de la disciplina, en contraposición a la seducción del placer y la charlatanería burda. La sabiduría es madre del bienestar y de la felicidad. El temor de Dios es su inicio. El elogio de la mujer virtuosa quiere ser un canto humano de gran belleza a la sabiduría.

Eclesiastés

La palabra vanidad, tan repetida por el autor, expresa caducidad e inconsistencia. Todo pasa, nada hay estable; si no es la caducidad. La inseguridad de la vida, si será larga o corta; el éxito del trabajo, el fruto de la fatiga; todo es incierto, y encima caduco. Sólo Dios es estable, Él que ha dado vida a todos y al que habrá que rendir cuentas de todo, bueno y malo, que hayamos hecho con el cuerpo.

El Cantar de los Cantares

Poema excelso del alma piadosa en su relación con Dios. Alcanza la cota de un idilio amoroso espiritual, donde el amor infinito de Dios, sin mentarse, se manifiesta autor e inspirador del amor humano santificado. Éste, no pudiendo alcanzar la elevación del amor divino, se le rinde, y se pierde en el infinito. En tanto lo va contemplando.

Sabiduría

Sabemos por la revelación de Jesucristo, que la Sabiduría divina asistía al Creador cuando creó el mundo. Y también ahora, cuando crea a cada uno de nosotros. Nuestro cuerpo, obra maravillosa, lo mismo que nuestra alma espiritual, todo es obra genial y portentosa del Creador, asistido de divina Sabiduría. Ella se comunica con el alma pura, penetra el interior del hombre, pero no habita con quien quiere vivir sólo en el placer y el vicio y se aparta de los que creen en la vida futura. Salomón se “desposó” con la Sabiduría como con una novia; y hace de ella una descripción extraordinaria, y formula sobre ella una plegaria fervorosa. Mas, ¡ojo!, puesto que, a la postre no supo él conservarla y acabó por abandonarle debido al abuso de sexo.

Eclesiástico

Nadie en absoluto puede agradar a Dios, si Dios no halla en él la Sabiduría incorporada. Mas la Sabiduría no habita en un corazón fraudulento, involucrado en el pecado. Es indispensable primero convertirse y moderarse, ya que Dios es benévolo y misericordioso en extremo para quien se convierte de todo corazón. Temer y reverenciar delicadamente al Señor es Sabiduría perfecta e indispensable. De aquí lo que señala el Eclesiástico (v. 51): “A partir de mi juventud, ¡oh, Adonai! he aprendido la Sabiduría”.

Es un fenómeno sobrenatural. Dios quiere salvar a su pueblo pecador. Ello requiere una intervención divina extraordinaria a favor de su pueblo. Por ella, decide, gracias a la inspiración divina dispensada a sus fieles escogidos, informar al pueblo acerca de futuros eventos y acciones humanas, que habrá que tener en cuenta.

Dios suele llamar ciertos fieles escogidos para confiarles la misión de advertir que sea necesaria, en nombre de Dios; o de anunciar el futuro, condicionado o no a una conducta.

Isaías

Tuvo el mérito excepcional de denunciar, con valentía, los pecados del pueblo; pero, sobre todo, de saber describir, cual ninguno y con gran profusión de detalles, la figura más completa y ordenada del Mesías, Salvador del mundo. Enviado por Dios, en la plenitud de los tiempos, precisando que nacería de una doncella virgen, y que moriría rechazado por los hombres, sentenciado y condenado a muerte de cruz, para resucitar glorioso de entre los muertos.

Jeremías

A él le tocó vivir el descalabro y espantoso desastre de Jerusalén. Con la matanza en masa de judíos, del rey y de los príncipes; la deportación en masa; y a sufrir el mismo persecución y pasión por parte de los judíos. Y lo más doloroso: la infructuosidad de sus oraciones fervientes, que nunca dejó de ofrecer a Dios por la salvación del pueblo, empeñado hasta el fin, al no querer obedecer a Dios, y sus designios providenciales.

Lamentacions

Adonai es confidente entrañable y recurso supremo en la máxima aflicción. Él solo acoge el temor estremecedor del profeta atrapado entre el Dios infinitamente bueno y su castigo sobradamente merecido e incomprensiblemente cruel.

Baruc

La confesión humilde de los pecados ante Adonai es tributo indispensable de rehabilitación, como la oración por los difuntos. Jerusalén despidió a sus hijos con tristeza, pero los recobrará llena de amor y alegría. Todos alabarán a Dios por siempre jamás.

Ezequiel

El profeta contemplaba como el Señor salía de su Templo de Jerusalén debido a las muchas profanaciones y degeneraciones cometidas por sus habitantes, como había ocurrido también en su tiempo con los de Samaria, aunque con menos violencia. Designado él mismo con el nombre de “Hijo del hombre” por Adonai el Señor, participó del dolor de ver corrompido el pueblo de Israel y entregado irremediablemente al escarnio y a la befa despiadada de sus enemigos. Si bien con el retorno final del Señor a su Templo, y la restauración triunfal y definitiva del pueblo de Israel con la posesión eterna de Dios.

Daniel

Destacado hebreo entre los deportados, y único entre los sabios que ayudó a recuperar en la memoria del rey Nabucodonosor, el sueño olvidado, y dar al mismo su recta interpretación. Condenado a los leones por negarse a adorar la estatua del rey, salió ileso de entre ellos. Tuvo visiones que el ángel Gabriel le aclaraba, junto con la profecía de las setenta semanas. Y termina especulando sobre el fin del mundo y los últimos tiempos.

Los PROFETAS llamados MENORES son los doce siguientes

Los 12 Profetas Menores

Oseas: Recoge y describe el amor divino, herido por su pueblo ingrato a los favores del Dios de amor.

Joel: A despecho de la ingratitud del pueblo, Dios infundirá su Espíritu Santo, y ellos cambiarán y Él podrá volver a ellos.

Amós: Anuncia el castigo divino contra aquellos vecinos que se alegraron del mal de Israel; éste, al fin, resurgirá.

Abdías: Edom, país de Esaú, padecerá la revancha por el mal infligido a Jacob, su hermano.

Jonás: Es tragado y vomitado por el cetáceo; por no alegrarse del perdón de Dios a favor del pecador penitente.

Miqueas: Prevé el retorno del exilio y la restauración que brotará de Belén, de donde saldrá la dichosa Escogida que implantará La Paz.

Nahum: Profetiza la ruina de Nínive, opresora de pueblos, mientras se anuncia la Paz.

Habacuc: “Desazón y ansiedad” por la tardanza de la restauración, mitigadas por el Señor, Dios.

Sofonías: Cercanía del Día del Señor, en que quedará un pueblo humilde, un resto pobre, un núcleo santo.

Ageo: Profeta de la reconstrucción del Templo humilde, por Zorobabel (ya no rey), descendiente de David.

Zacarías: “Volveos a Mí, y yo me volveré a vosotros”, dice el Señor. Mira: “Viene tu Rey, ¡tan sencillo que viene montado sobre un asno!”

Malaquías: “Os he escogido y amado. ¡Sacerdotes ingratos! Revisaros y sed humildes! Mirad, que no he de tardar”.

Corolario: ¡Tanto ha tenido que costar el ser humildes, para llegar al sumo de la perfección! ¡A la perfección de las perfecciones: la simplicidad con la caridad!

Por la gracia del Maestro hasta el fin que se acerca. Inmaculada. Por gracia del divino Maestro que ponía el glorioso fin.