La Virgen María


 

  1. Prólogo
  2. ¿Qué es María?
  3. ¿Cómo imitamos a Dios?
  4. Como imitar a María
  5. Confiamos en Dios en plenitud
  6. Lo que Dios hace en Ella lo hace en nosotros 

 

1. Prólogo

Mientras encontramos la manera de dar forma a la página web, que proclamará lo que somos y lo que queremos ser con la gracia de Dios, nos complace contemplar lo que haremos en el cielo, bueno y entonando ya, desde ahora en la tierra, el himno de alabanza a Dios, con los ojos fijos en María Reina del Universo.

Centraremos nuestra consideración en un hecho preliminar, del todo cierto e indiscutible, que Dios Nuestro Señor, se ha complacido en la Virgen María, como fruto privilegiado de la tierra santificada, y que no le cabe esperar de los hombres ya nada parecido, sino completar la satisfacción divina en el crecimiento y santificación de todo el Cuerpo Místico de Cristo.

2. ¿Qué es María?

El hombre no puede levantar la mirada a Dios sin María. Ella colma nuestra insuficiencia y exalta con su maternidad universal nuestra indisposición innata. Sí, hermanos, es así, y ello gracias a su incomparable sí generoso, al acoger a todos en su seno materno. El Cielo, somos todos engendrados por ella. Gracias a su gran amor e incomparable humildad.

El amor de Dios

Dios, en su eternidad, nos ha creado a todos en María. Viendo a María nos ha dado el ser. Y contemplando a María nos dio a Jesús. Y con Jesús, María nos ganó el cielo. El amor de María es el amor de Dios, abocado a ella, y absorbido del todo por Ella. Nuestra es María, y nuestro amor infinito de Dios por ella. ¿Qué es el amor infinito de Dios?

El Papa lo dirá mejor que los clásicos oradores

Deberíamos dejar que lo explique el Santo Padre, Benedicto XVI, en su primera encíclica: “Dios es amor”. Sabiendo que se inspira en la etimología de la palabra, recogemos también nosotros la aportación que hacen los más célebres autores clásicos, como es, entre ellos el gran Cicerón. Todo lo que se pueda decir del amor es en favor de Dios.

“Amar” —señala el autor latino— “no es otra cosa que querer que alguien disfrute de los máximos bienes, aunque de ellos no le toque parte a él”, o también, “tener un gran afecto y estimación por aquel a quien se ama, sin buscar la satisfacción de necesidad o utilidad cualquiera”. Esto es lo que Dios, Amor infinito, experimenta con perfección e intensidad máxima.

3. ¿Cómo imitamos a Dios?

Por nuestra felicidad

Si Dios es amor, como sabemos y afirmamos, es por amor, y con amor, y para el amor, que nos ha creado. En la esencia y en la vivencia del amor. Él es infinitamente feliz, y quiere que también nosotros disfrutemos de la felicidad eterna que solo Él puede experimentar. Él ha creado el universo (el mundo que vemos y lo que no vemos) y ha hecho al hombre a su imagen.

Con San Benito

Hechos a su imagen y repuestos en su gracia, nos orienta y faculta a acercarnos a Él que está abierto a admitirnos siempre y en toda coyuntura. Además nuestro Padre San Benito nos anima e incita a ello, diciendo que necesitamos “suspirar con todo el empeño para la vida eterna”, empleando la expresión “con toda concupiscencia espiritual”.

Que nos quiere “suspirando por el cielo”

¿Se puede desear así la vida eterna, que es la misma vida de Dios, sin haber saboreado menos una cata? Efectivamente, se puede; el mismo san Benito describe a continuación, cuáles son los signos y señales de haberlo experimentado. Todos ellos se pueden resumir en unas palabras: sentir un crecimiento sensible del amor y bondad para con Dios y los hermanos.

Como un solo corazón y Cuerpo místico

Dios es asequible de verdad porque es esencialmente bueno y origen de toda bondad, y permanece siempre abierto a la criatura desde que crió el mundo sin mover su morada eterna. Poniendo los límites de espacio y tiempo como coordenadas previas, para dar cabida a todos los conjuntos destinados a constituir los seres que, formando un cuerpo, se dispone a acoger en su seno eterno.

Todos unidos por el amor

¿Qué quiere decir el texto de los LXX (Eccles, 18,1) “Aquel que vive eternamente creó todas las cosas a la vez” (Montserrat), juntas (Cambó), “todo por igual” (Bilbo), o “en común”? El texto contrapone “eterno que vive solo”, a todos los seres creados “en común”; como formando una unidad, a semejanza e imagen del uno, o el único que vive solo y feliz en la eternidad, “y que a nadie nunca ha confiado sus obras”.

Formando un solo Cuerpo místico

Para que la criatura atraiga la mirada de Dios, es necesario que se unifique, que forme un conjunto, cada uno en sí mismo, y todos juntos formando un solo pueblo. Como un cuerpo orgánico, vivificados por el amor, y unidos por un solo espíritu; como cohesionados para imitar la íntima unión del viviente que los ha creado en la eternidad que es suya, para ir descubriendo y participando el Ser eterno.

Imitando a Dios

Cuando el “tiempo” habrá llegado, el que vive eternamente, se descubrirá abiertamente, y se dará a conocer como tres Personas cohesionadas en el amor esencial. Vertidas en la obra creada, se verá manifiestamente la obra divina en el conjunto de la creación, y como ésta ha sido conducida, toda ella, a partir de un momento crucial y de unos hechos trascendentales.

Que escogió a María

Este “momento” nuestro, cuando Dios, que vive eternamente, crea “conjuntamente” todas las cosas, tiene la mirada puesta en una criatura, profetizada y prefigurada desde el Principio con Eva, qué nombre del ángel dará con el Ave, y antes por la luna, el sol Cristo Señor ilumina, y por multitud de hechos y personajes, citas y heroicidades, que la proclaman Reina del Universo.

Predestinada desde siempre

¿Y quién se atreverá a creer que en el impenetrable secreto del corazón divino, en el insondable abrigo de la intimidad divina, yace, siempre la figura de nuestra madre y reina, la dulce e incomparable Virgen María, que dará luz al buen Jesús? Porque el hombre piensa y actúa en el tiempo; pero Dios, fuera del tiempo, inmenso en el amor y la sabiduría desde la eternidad.

¿Por qué elegida?

¿Qué vio Dios en María, desde siempre, para escoger entre todos los santos y los ángeles y ponerla por reina de la Creación? Gozosa ella y complacida por la distinción y gracia singular que Dios le hacía, distinguía bellamente ante Isabel entre el júbilo del alma que ella sentía y la exaltación de su espíritu, que experimentaba por “Dios su salvador”.

4. Com imitar a María

Alcance del Fiat

Toda ella, cuerpo y alma, adoraba al Señor que le favorecía con una distinción única entre todos los hombres. Pero entre los favores que recibía había el que provenía de “Dios que la salvaba” de caer en manos o poder del enemigo, aunque fuera por un instante, como todos los hombres, en mérito de su Hijo y el propio fiat generoso.

Intuición del amor divino

Esta entrega de María, que era disposición amorosa de su “corazón inmaculado”, incluía una total y clara percepción del amor infinito del Dios creador; ponderaba del todo y amaba, que ella era digna de su más grande y plena entrega, en cuerpo y alma, tal como Dios Padre mismo se disponía a hacer al hombre, con la persona de su Hijo amado.

5. Confiamos en Dios en plenitud

Amor Trinitario y Creador

Pues, en el amor esencial de Dios Creador y Padre se apuntala el fiat de María. Como se apuntalará la “obediencia a la fe” que prestarán sus hijos espirituales, después de ella, hasta el fin del mundo. Las demás atribuciones que se hacen a Dios, como la de “poder”, “justicia”, “sabiduría” y otros, son justas exaltaciones de las virtudes humanas, en grado sumo; o matizaciones de su amor.

María como perfección humana

El amor entrañable y esencial de Dios, no ha sido nunca contemplado, ni lo será jamás, en toda la tierra y el cielo, como en el corazón Inmaculado de María Virgen. Por su inmaculada pureza. Por su gran humildad. Por la amplitud y profundidad de su sí generoso, y de su seno dilatado, capaz de alumbrar un Hijo de Dios y todo un mundo.

Ensalzada por Benedicto XVI

Bellamente cierra Benedicto XVI su primera encíclica con un canto a María, “espejo de toda santidad”. Estos últimos capítulos del mensaje pontificio hay que leerlos y meditarlos desde la perspectiva del amor a Dios de María su Madre y Madre nuestra, y del amor de Dios entrañable a favor de todos nosotros.

Contemplémosla en Dios

Detengámonos también nosotros, y tratemos de empaparnos de la abundancia de la gracia que mana de la excelsa hermosura de tan bella criatura, sólo ella merecedora de atraer el Dios perfectísimo en el ser increado, y en la potencia del amor, y de ser asociada a la obra de salvación del mundo y glorificación de Dios.

Con el Evangelio

Ella supo amar a Dios que engendra eternamente a su Hijo con amor infinito. Ella lo descubrió cuando tomó la resolución de conservar por Dios la virginidad, encubierta con desposorios, y mantenida con intransigencia ante el ángel de la anunciación. Reservada a Dios solo y ofrendada al Altísimo junto con toda la vida y muerte de su Hijo divino.

Ensalzándola

Porque supo penetrar el secreto divino del Padre de ofrendar ensalzarla su Hijo eterno por el amor al hombre; y valoró tan grande amor con la entrega más completa y perfecta. Además, Ella se ofrecía a Dios, en nombre de todos nosotros. Por eso somos hijos suyos en Jesucristo, y nos sentimos gozosamente obligados a seguir sus huellas y virtudes.

¿Cómo? Descubriendo en Dios el amor infinito por nosotros. Y en su respuesta, dándose Ella del todo a Dios, sin ninguna sombra de vacilación, sino confiando del todo a Él. Amando a todos los hombres como Dios, que los ha creado y les ha ofrecido la vida eterna. No reservándose Ella la gloria de nada, y refiriendo todo bien a Dios.

Dios sabe cómo ayudar

Al crear al hombre Dios prevé que sucederá. El hombre es creado libre; con libertad, pero, bajo un gran enemigo de Dios y del hombre. El hombre necesitará una ayuda para mantenerse fiel a su Creador. Dios cuenta con ello. Y está dispuesto a ayudarle delicadamente y con sabiduría dejándole el mérito de la libertad fiel.

Dios mismo salva al hombre

Dios ama entrañablemente al hombre, tanto, que está dispuesto a salvarlo por el único hombre que saldrá de Dios mismo, por medio del Verbo, Hijo eterno de Dios, capaz de reparar la corrupción del mundo. Será necesario, sin embargo, que el hombre sea verdaderamente hombre, nacido del linaje humano. María ve que el mundo se pierde, y que sólo Dios lo puede salvar. Ella sola, ¿qué puede hacer?

El corazón de María

María sufre. Quisiera remediar la situación: ella confía en Dios y en su amor y sabiduría infinita. Ora, suspira, noche y día, con los santos y con oraciones de la Biblia. Sabe que Dios siempre ama y siempre está a tiempo. De pronto ella recibe un mensaje. Es una salutación angélica de buen augurio: este saludo ¿qué precedente tiene en el Antiguo Testamento?

¿Qué dice la Biblia?

María está acostumbrada como dice Benedicto XVI en su encíclica, a pensar como Dios, según la Biblia expresa. Como nuestro Padre San Bernardo a quien el texto sagrado proporcionaba las palabras y expresiones de su lenguaje. Aquí, sin embargo, parece que Ella nos quiere hacer comprender, además, que el Nuevo Testamento todo él está prefigurado en el viejo. Pues hay que ir a él.

Mensaje divino

El ángel Gabriel la saluda. No le afecta a Ella su presencia, sino sus palabras. Instintivamente las traslada al texto bíblico, y, como dice el texto sagrado, experimenta una cierta turbación que parece derivar en desazón ¿De dónde sacas tú, Gabriel gozoso, la palabra “como es que”, (“de qué manera”)? ¿De dónde puede haber salido o su equivalente, sino de los labios de María?

Para salvar el mundo

¿Por qué se turba María? ¿Por no saber de dónde sale, o de dónde proviene esa palabra, o porque ha captado, a pesar de su radical humildad, el origen aterrador de su significado? ¿Por qué aterrador? El Antiguo Testamento, cuando el pueblo elegido entra en posesión de la tierra prometida, se complace en crear escenas y situaciones que prefiguran la vida de la gracia futura.

Ella será corredentora

Aquí debe radicar el misterio de la turbación y la desazón de la Virgen María. No debió tardar Ella demasiado en captar todo el alcance de aquellas palabras de buen augurio del ángel. El Mesías, el Salvador del mundo, lo que ella suspiraba con los profetas para poder ver alzarse la humanidad caída, y que nacería de una virgen, virginidad que ella celosamente encubría, podría venir por ella…

Por su Virginidad

Según el ángel, “Ella es la llena de gracia, y en Ella está el Señor”, que la escogía entre las mujeres para ser madre del Salvador, al haber obtenido esta gracia de Dios Padre eterno. Y aquí aparece la grandeza de la Virgen María; y la turbación, la virginidad, ofrendada a Dios.

6. Lo que Dios hace en Ella lo hace en nosotros

Misterio de la Encarnación

Tal fue así, que lo expone a ella el ángel cuando éste le dijo claramente que iba a tener un hijo, y que este hijo lo llamaría Jesús (salvador) porque Él sería grande, y llamado Hijo del Altísimo. ¡Pobre María! Pero le quedaban fuerzas para exclamar: ¡Pero si yo no tengo esposo! Ni lo necesitas —le dice el ángel— por qué será Hijo de Dios”.

Rendida completamente a Dios se da al prójimo

El ángel, prendado de tan sublime simplicidad de María y al mismo tiempo con tanta capacidad ante Dios, le anuncia la gestación de su prima Isabel ya anciana. María ya no puede evitar su emoción. Confusa ante la grandeza del amor Divino, prorrumpe en aquellas palabras que desde entonces no cesan de dar vueltas por todo el mundo. “He aquí la esclava del Señor; que se haga en mí según su palabra”.

María hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa del Espíritu Santo

María ha entendido que desde ahora Dios se la ha hecho suya y que él mismo la conducirá. A partir de este instante, será ella un sagrario viviente; o como una nave Sagrada que el soplo del Espíritu anima. ¡Qué imagen más bella para los hijos de la gracia, que ella nos ha engendrado en nosotros por Cristo! El Dios que la ha hecho suya nos ama también a nosotros, y nos quiere hacer del todo suyos.

A partir de ese momento, Jesús tiene madre en la tierra, tiene Padre en el cielo, tiene los hombres como hermanos, tiene a los ángeles a su servicio. El dios de este mundo, en cambio, su adversario, toma posiciones ante el personaje para él tan intrigante. En el Apocalipsis, San Juan describe toda la realidad de quien tiene el dominio sobre este mundo, y rige las fuerzas del mal, persiguiendo y combatiendo a los buenos.

El gran misterio de Dios

Si el nombre sagrado de Dios, esta breve palabra, expresa el Inefable, y la aceptamos como denominador válido del Creador y Señor del Universo; el gran Misterio de Dios, que comprende su esencia y su obra, escapan a todo intento de abarcar en una palabra de contenido positivo, la realidad divina, a pesar y aunque lo conseguimos diciendo con el Papa “Dios es Amor”.

¿Qué es Dios?

Decimos que lo conseguimos afirmando que “Dios es amor”, porque la esencia y el motor de Dios, Él, de sustancia inmaterial y espiritual, es ser feliz en su ser estabilizado en amarse y amar, que hace en su eternidad. El mal no existe con él. Ni lo tolera, ni cabe. Es fruto bordo del tiempo de Creación de seres libres y de limitación actual.

¿Qué somos nosotros?

Pensemos que la actual “simultaneidad” aparente de la existencia de Dios eterno y del hombre temporal pecador, de hecho no existe. No tiene nada que ver la eternidad de Dios y de su morada perdurable, con nuestra existencia temporal, aunque nuestro ser participa misteriosamente de la esencia eterna de Dios por la gracia.

¿Qué queremos saber?

Dicho esto, y salvada la imperturbabilidad de la felicidad divina, gloriosamente participada por nuestros bienaventurados, estimulados nosotros por la bondad divina y su generosa invitación paternal, adentrémonos en inquirir humildemente cuál es su gran misterio que lo ha llevado a crearnos para Él.

¿Qué debemos saber?

Ante todo, notemos que nuestra dignidad es muy grande; y que nuestra vocación para el Cielo nos hace criaturas nuevas de aspiraciones eternas realizables. Que, como la Virgen María intuyó desde el principio, el Amor y la Bondad de Dios excede toda ponderación, y que nunca podríamos compensar ni corresponder sin Jesús y María.

Jesús y María abren y cierran

El ciclo de satisfacciones, de desagravios, que toda la Creación puede ofrecer a la Divinidad, junto a las más puras alabanzas, obtienen, con Jesús y María, la plenitud del necesario culto reparador suficiente para desagraviar a Dios Padre Todopoderoso del agravio hecho por la criatura, a su infinita bondad y amor en crear libremente el hombre con derecho de aspiración a la eternidad.

Jesús, muriendo por el amor al Padre

Alrededor de Jesús, por su amor al Padre, al que glorifica ampliamente y de la Madre María, elegida por Dios mismo entre todas las mujeres, para ser la más digna compartidora y corredentora de los méritos incomparables de la Pasión y muerte de Jesús, su hijo e hijo del Padre… ¿Quién puede calibrar la dimensión del sufrimiento físico y moral de Cristo a lo largo de toda su vida mortal sabiendo que moriría, sufriendo, clavado en la cruz con María?

María, por el amor al Hijo, sin morir

Y con María, que fue elegida para acompañar a Jesús, su hijo y engendrado de Dios, por ministerio de un ángel, y criado con sus pechos virginales, crecido bajo el calor de un servicio doméstico ejemplar y acompañado de un corazón inmaculado, latiendo en todo momento al unísono con el Corazón de Jesús, con la angustia compartida de Jesús sufriente de dolor en la Cruz, ¿y sin poder morir con Él?

¡Espectadores privilegiados de las grandezas divinas, seamos agradecidos, y amemos a Dios y a los hermanos! Para poder disfrutar sin fin de su compañía bienaventurada.